Palabras de Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano, en homenaje al maestro Gonzalo Márquez

GONZALO MÁRQUEZ CRISTO: UN REMERO A CONTRACORRIENTE
CARLOS FAJARDO FAJARDO

En su ensayo “las muertes inconclusas”, Gonzalo Márquez Cristo escribe: “El artista es el remero a contracorriente, su porvenir ya ocurrió y él debe regresar a su sitio inaugural, a ese tiempo donde no tenía rostro ni nombre. Es el viajero del origen, de allí su inconmensurable soledad. (…) El artista hace de su pobreza una fuente, interroga el dolor, pretende el nombre de la herida (2015, p. 174-175)

Estas frases sintetizan en parte las búsquedas y aventuras poético-creativas e intelectuales de Gonzalo, quien proyectó en su trabajo escritural y editorial la pulsión del que siempre va a contracorriente, como un remero en contravía, condición peligrosa por su valiente lucidez, y que ubica al poeta en el filo de los cuchillos de esta sociedad normativa y estatutaria. La marginalidad, la desaparición, son las consecuencias al volverse “un hereje de la realidad”. Sí, lucidez y peligro, creación y confrontación. La soledad es su marca, la solidaridad su desafío.
Dichas apuestas las llevó a bien este poeta, quien sabía que la poesía y el arte son formas de reflexión y de pasión, donde razón crítica e imaginación se constituyen en un continuum fundante. Por consiguiente, toda su obra, y su propuesta editorial, mantienen un diálogo con los momentos y conceptos filosóficos, estético-poéticos y políticos más significativos de la cultura occidental: la mitología, la poesía y la filosofía griegas, pasando por el romanticismo alemán temprano de Friedrich Schlegel, Novalis, Hölderlin; tocando las fibras del espíritu nihilista nietzscheano; continuando con los poetas malditos y las profanas estéticas vanguardistas de la protesta y del cambio; alimentándose de Kierkergaard, Freud, Kavafis, D.H. Laurence, James Joyce, Broch, Borges, Dylan Thomas, Lawrence Durrell, Maurice Blanchot, Lezama Lima, Vicente Huidobro, César Vallejo, Chaplin, Héctor Lavoe, Led Zeppelin, Los Beatles, Rolling Stones…,hasta desembocar en las turbias y torrentosas corrientes de nuestra cultura colombiana.

Aquí puso “las palabras en situación”, tal como consideró Jorge Gaitán Durán- vía Jean Paul Sartre- que el artista e intelectual debían proyectar su obra desde y sobre la realidad y la historia. De igual manera, también asimiló la pasión por la reflexión ética y estética que propuso el Grupo colombiano Mito, la necesidad política de pensar, con rigor y análisis voraz, a este país plural y de contrasentidos, para llegar a comprendernos, a conocernos.
Y es aquí donde la obra de Gonzalo adquiere mayor relevancia, puesto que, a través de un trabajo no sólo ensayístico, periodístico y poético, sino editorial al lado de su cómplice solidaria, la poeta Amparo Osorio, se propuso confrontar y pensar los imaginarios de un país violento, eufórico, pleno de olvidos. Por todas estas razones, la Editorial Común Presencia, la revista y el Periódico Virtual Con-Fabulación adquieren su importancia, sobre todo bajo las condiciones de un sistema económico que ha guillotinado toda idea de cultura crítica, toda memoria creativa, imponiendo un régimen de mercaderes, preocupados en derrotar el pensamiento del disidente y en aumentar sus rentabilidades financieras. Esa necesaria y ardua labor mantuvo activo a Gonzalo, constituyéndose en uno de los más significativos escritores de nuestra generación, generación que lentamente la han ido desapareciendo de la cultura nacional, in-visibilizando y callando a sus más críticos artífices.

Con la Editorial Común Presencia y Con-Fabulación, Gonzalo y Amparo gestaron una inteligente estrategia de contienda y aprovechamiento: el estar adentro del Leviatán global (en las redes y con las posibilidades que brinda Internet) y en la periferia del mismo. En el adentro como resistentes y re-existentes críticos; en el afuera como poetas reflexivos, no escapistas, ni conciliadores.
Tal fue su vocación, su destino.

Muchas veces lo discutimos y comentamos. Con-Fabulación es la fuente poética que expresa la necesidad de proyectar nuestros intensos sueños y pesadillas, nuestras voces e ideas en medio de los estruendos mediáticos oficiales y globales; una posibilidad de ampliar asombros, encuentros, dudas, desafíos.
“Abrir los diques del lenguaje, es ir más allá del monosílabo”, escribió Gonzalo en su novela-poema Ritual de títeres. Bajo esta máxima, su obra fusiona entonces pensamiento, imaginación, pasión, ironía, estremecimiento, erotismo, sensualidad, música, nocturnidad, conciencia de las muertes inconclusas, los flujos de Heráclito, los placeres y deseos epicúreos, las aporías de Zenón de Elea, el absurdo de Sísifo, los innumerables viajes, sus amados pintores, la convulsiva belleza.
Estas eran sus maneras de destruir y refundar lo real, y todo eso lo hizo como poeta. Con Albert Camus (uno de sus escritores preferidos) supo que el artista “está embarcado en la galera de su tiempo”. Así que se lanzó a la intemperie, poniendo en cuestión las exigencias del confort institucional, las trampas de las burocracias laborales, las falsas promesas de los mal llamados “jefes” y de rutinarios empleadores. Asumió a cabalidad la sentencia de Camus: “la verdadera paz está en medio de combate”.
En su admirable ensayo titulado “En nombre del silencio” nos dice: “Los poetas y los filósofos del último siglo han denunciado la palabra despojada que les fue legada y han intentado recobrar su poder primigenio, desde Char hasta Heidegger, desde Valéry hasta Ciorán, en un desesperado intento por rebautizar el mundo en los oráculos del silencio”. (2015, p.7).
Sabemos que este esfuerzo no pasó en vano, pues Gonzalo Márquez Cristo edificó un sentido de ser y estar, un lenguaje, su poética morada.

Librería Luvina, julio 7 de 2016.

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